miércoles, 14 de diciembre de 2016

La sal y las Civitates en la costa mediterránea de Hispania


Entendemos por civitates a la cabecera de una ciudad, es decir, una unidad administrativa semiautónoma bajo cuyo poder se encuentra un territorio y que se caracteriza por sus edificios públicos típicos de una ciudad romana, como el foro, la basílica, el teatro, el templo, los baños, el acueducto y, por supuesto, viviendas.

Cuando se compara un mapa de distribución de las salinas en la Península Ibérica con otro sobre la distribución de las cabeceras de las ciudades romanas, puede comprobarse que, en la decisión de la administración romana para elegir tales cabeceras se tuvo en cuenta la localización de su relación a una salina, situándola junto a esta, cerca o en una vía publica por donde llegar con facilidad a la sal. Así pues, en esta entrada nos hemos querido centrar en las civitates que se extendieron a lo largo de la costa mediterránea y parte de la costa Atlántica occidental.

Dianium (Denia, Alicante):

Antes de la llegada de los romanos, este lugar ya contaba con un puerto, en cuyas proximidades se encontraban una factoría de salazón y unas salinas, las cuales, tras la conquista romana, favorecieron al incremento de la población, llevándose a cabo el arrendamiento de las salinas, lo que condujo a la creación de la ciudad de Dianium, adscribiéndose a ella el control sobre este territorio.

Carthago Nova (Cartagena, Murcia):

El esplendor romano de la ciudad de Cartago Nova se basaba fundamentalmente en la explotación de las minas de plata, plomo, cinc y otros minerales de la sierra que se encontraba próxima al lugar. Pero, a partir del siglo II, al igual que ocurrió con otras ciudades de Hispania, se produjo un lento declive económico y demográfico en la ciudad, causado seguramente también por el agotamiento de la minería. Fue en este periodo cuando el emperador Diocleciano convirtió alrededor de la ciudad la provincia Carthaginense, reorientándose la actividad comercial de la ciudad hacia la fabricación del garum, gracias a las salinas que se encontraban en la costa.

Malaca (Málaga):

Se asentó sobre una colonia fenicia-púnica anterior, de la cual heredó una consolidada tradición económica basada en la pesca y la explotación de sal. Cerca del puerto se encontraban las instalaciones para la salazón de pescado, que se comercializó por todo el Mediterráneo. Junto a este, también se exportaba vino, aceite, minerales, cerámica, ricos mármoles y almendras, lo que le caracteriza como un importante puerto comercial.

Baelo Claudia (Bolonia, Cadiz):

La ciudad nació a finales del siglo II a.C. sobre un asentamiento fenicio-púnico, gracias a su importante relación comercial con el norte de África, al ser el puerto principal que enlazaba con la ciudad de Tanger (Marruecos), adquiriendo el estatuto de municipio bajo el gobierno del emperador Augusto y, posteriormente, elevada a categoría de colonia romana con Claudio. Sus principales fuentes de riqueza fueron la pesca, las salinas, la industria de salazón de atunes y el garum. Estas actividades tenían lugar durante los meses de verano y atraían a la ciudad a numerosos trabajadores temporales, hecho que determina en parte las características de algunos de sus edificios.

Gades (Cadiz):
Adquirió el estatuto de civitas foederata (ciudad federada de Roma), que le permitió mantener su autonomía política y económica, favoreciendo al aumento de la economía de la ciudad y a contar con su propia moneda, la cual en el anverso mostraba a Hércules, su fundador, y el reverso mostraba uno o dos atunes. Esta también destacó por las famosas exportaciones gaditanas de garum.

Salacia (Alcacer do Sal, Portugal):

También de origen fenicio, esta ciudad romana se caracterizó por la explotación de la sal y la industria del pescado en salazón, además de la cría de caballos, necesarios para la exportación de alimentación, la agricultura y la ganadería, y el comercio de estaño con Cornualha (Cornualles, Inglaterra).


Otras varias ciudades de la costa, dotadas de puerto, industria salinera y conservación de pescado, reconocidas por la administración romana como civitates fueron Saguntum (Sagunto, Valencia), Murgi (El Egido, Almería), Anticaria (Antequera, Málaga), Onoba (Murcia), Olisipo (Lisboa) y Balsa (Faro).

Firmado por:
Natalia García Enríquez

BIBLIOGRAFÍA Y WEBGRAFÍA:
  • Lirola Delgado, Jorge (1995): Al-Ándalus y el mediterráneo, Lunwerg, Barcelona
  • Mangas, Julio y Hernando, Mª del Rosario (2011): La sal en la Hispania romana, Arco/Libros S.L., Madrid.
  • http://rec.mestreacasa.gva.es/som_cultura/ruta2/denia.html
  • http://www.centroarqueologicosaguntino.es/uploads/descargas/463_123%20La%20ciudad%20romana%20de%20Saguntum%20y%20su%20territorio%20en%20el%20siglo%20III%20dc%2030-31.pdf

domingo, 11 de diciembre de 2016

Uso ritual de la sal. Ayer y hoy.

En mi anterior entrada, describí otros usos de la sal menos comunes o, más bien, menos conocidos, como el uso de la sal en agricultura para repeler plagas, en ganadería para aumento de calidad y cantidad de leche (así como mejorar su conservación) y, para el secado de las pieles. Todos estos casos los podemos observar en la actualidad en algunos contextos sociales menores donde la industria no ha entrado tan de lleno y, de esta manera podemos imaginar cómo lo hacían 2000 años atrás.

En esta entrada, os voy a describir un último uso alternativo de la sal en la Antigua Roma: el uso ritual. También podemos encontrar esta modalidad en contextos presentes, como ya veremos.
La sal era utilizada en diferentes ritos y sacrificios religiosos, sobre todo en forma de mola salsa. Esto consiste en mezclar la misma cantidad de sal y harina (y agua), de tal forma que quede una masa que para ser digerida ha de cortarse con un cuchillo.

Un pan carbonizado de pan romano
 de Pompeya,
Museo Arqueológico Nacional,
Nápoles.
 Beatrice (2006).

Ovidio, en los Fastos, menciona:

 “Conviene que ofrezcáis a la diosa la espelta y el honor de la sal que chisporrotea, y granos de incienso en los viejos fuegos…”.

Como vemos en este ejemplo, la sal no era un mero ingrediente de la mola salsa, de hecho… ¿habéis probado a hacer un “pastel” con la misma cantidad de sal que de harina? No creo que sea un sabor muy agradable. Entonces, ¿por qué lo harían? Como bien vemos en el ejemplo, Ovidio dice “honor de la sal” puesto que el hecho de ser fundamental en la vida cotidiana supuso la idealización de esta materia, llegando a ser sagrada. Esto es algo que podemos ver hoy en otro tipo de rituales, sobre todo supersticiosos.



Por otro lado, en el mundo cotidiano, podemos encontrar también evidencias de rituales con sal. La religión romana doméstica era de culto obligatorio, periódico, intimo y ceremonial. Para llevarla a cabo existían (y existen como veremos a continuación) los lararios, que gracias a Ovidio sabemos que existían antes que las dataciones arqueológicos, desde tiempos arcaicos. No obstante, los restos de Pompeya que debido al volcán del año 79 d.C se encuentran muy bien conservados, nos permiten vislumbrar algunos detalles de estos lararios que mencionaba Ovidio en sus obras.

Lararium de Pompeya, foto de 2006 en pompeiiinpictures.com



Se trata de un altar sagrado donde, entre otros objetos esenciales, se encuentra lo que denominaban salinum, que en apariencia es como un salero, que se utilizaba como elemento purgante que conservaba las cosas impidiendo su corrupción. Este tipo de ritos, siguen haciéndose hoy, en algunos contextos. De hecho, sin ser una herencia por tradición oral, existen personas que los llevan a cabo hoy por herencia escrita. Es el caso de Cultus Deorum, una página web que no sólo informa de los ritos antiguos romanos, sino que se dirige a un público que desee practicarlos.

Como podemos ver, las dimensiones sociales de la sal traspasan la frontera de la utilidad. Pero... ¿cómo no? Si la sal suponía una de las principales bases de comercio y economía, y entre sus propiedades se encuentra la de conserva, algo que sin conocimiento de química debía suponer una especie de "milagro".

Con todo, así concluyo con los usos alternativos de la sal. Espero que os haya gustado, ¡hasta la semana que viene!

Firmado:
Laura Pascual Fernández



Bibliografía:

Donoso Johnson, Paulo (2009): El culto privado en la religión romana: Lares y Penates como custodio de la Pietas Familis. Revista electrónica Historia del Orbis Terrarum, vol. 3, Santiago (España).

Mangas, Julio y Hernando, Mª del Rosario (2011): La sal en la Hispania romana, Arco/Libros S.L., Madrid.

http://derecoquinaria-sagunt.blogspot.com.es/2010/05/la-mola-salsa-y-la-muries-tarea-de.html






La sal y el origen de Roma

Algunos historiadores consideran que el origen de Roma está relacionado con el comercio de la sal, quizás no se trate de un hecho aislado o del único causante de la formación de dicha ciudad, pero sí de uno de los determinantes por los que se seleccionó este lugar. Esto, por ejemplo, se observa cuando Livio intentaba, en sus escritos, explicar las razones del crecimiento de Roma que, aunque no hacía mención expresa sobre la sal, si comentaba el buen emplazamiento en el que se localizaba para el comercio. Decía así:

Con toda razón, los dioses y los hombres tomaron la decisión de elegir este lugar para fundar la ciudad, con colinas saludables, con un rio cercano por el que bajan los productos del interior y por el que se reciben los abastecimientos marítimos, cómodo por su vecindad al mar, pero no expuesto a los peligros de las flotas extranjeras por su excesiva cercanía, un lugar situado especialmente para el crecimiento de una ciudad. La prueba es la gran magnitud de esta ciudad tan buena.

Foro Boario de Roma

También es cierto que, no se pueden entender los orígenes y la localización de Roma sin mencionar el Foro Boario, área de mercado más antigua de la ciudad y la cual se estableció en el punto perfecto en el que confluían los caminos que atravesaban el valle del rio Tíber y que conectaban la Etruria con la Campania, zonas dominadas por los etruscos y los griegos. En este cruce de caminos se encontraba la isla Tiberina, frecuentada por mercaderes griegos ya en la época de la fundación de la ciudad a mediados del siglo VIII a.C. La ribera del Tíber dio lugar al puerto fluvial (portus Tiberinus), abierto a los extranjeros y, por tanto, fuera del perímetro de la ciudad y de las murallas Servianas.


Vía Salaria (gris)
La sal que llegaba a Roma lo hacía por dos caminos distintos: la vía fluvial del Tíber hasta su desembocadura donde se localizaban las salinas de Ostia y la Vía Salaria, una calzada romana que comunicaba la ciudad con las costas de Campania. Esta partía de la puerta Salaria de la muralla Aureliana y llegaba hasta el puerto de Ascoli, en la costa del mar Adriatico, recorriendo 242 kilometros de distancia y pasando por otras localidades. Además, como es de esperar, debe su nombre a la palabra latina que designa a la sal, al ser la ruta utilizada por los sabinos, antes de la fundación de Roma, para transportar dicho producto hacia el rio Tíber.

De esta forma, el Foro Boario se convirtió en el mayor centro de distribución de sal, básica para muchas aldeas y ciudades latinas de toda la Península, convirtiéndose en un pujante puerto comercial dentro de la Ruta de la Sal y jugando un papel esencial en el desarrollo urbano. Se piensa que en sus inicios se trataba de un mercado de ganado y otros productos, pero destacaba sobre todo la sal, al ser imprescindible para la subsistencia de las poblaciones del interior, que acundian a diario a él para poder adquirirla.

Este modelo de red de comercio de la sal entre Roma y las ciudades italianas se aplicó posteriormente al resto de provincias, siempre y cuando hubiese ciudades provinciales cerca de las salinas o convertidas en almacenes de sal para el abastecimiento de la población del núcleo urbano central y de las aldeas de su territorio, al igual que la capital. Pero, este hecho resultaba tan cotidiano y asumido, que los autores antiguos rara vez lo mencionaron.

Templo de Hércules en Roma
También mencionar que el comercio de la sal, al igual que el resto de comerciantes, tomó como su protector al dios Hércules, encontrándose en el Foro Boario de Roma un importante espacio sagrado consagrado a este dios y sobre el cual se construyó el Ara Máxima. En Hispania hubo una difusión semejante de este culto, constatándose tanto en el interior de algunas ciudades entorno a un ara, como Tucci (Martos, Jaén), como en cruces de caminos o junto a vados de ríos.


Firmado por:
Natalia García Enríquez

BIBLIOGRAFÍA Y WEBGRAFÍA

viernes, 9 de diciembre de 2016

Comercio y transporte de la sal II

Como ya os había anunciado, esta semana retomo el tema del Comercio y Transporte de la Sal. Quiero pensar que aún os acordareis de ella (sino id a echarla un vistazo) y para los más atentos, sí, en esta segunda entrada solo faltaba por comentar el comercio y transporte realizado por vía marítima. Espero que despierte el interés en vosotros.

Vía marítima

Los romanos comerciaron con la sal (y otros muchos productos comerciales) a través del Mediterráneo, al que denominaron Mare Nostrum. Los barcos de transporte o corbitas, eran naves de 25 metros de eslora, capaces de transportar hasta 400 toneladas de carga o unas 600 ánforas. Generalmente pertenecían a personas particulares, dueños de los muelles y almacenes portuarios. El transporte por mar era más rápido, barato y seguro que el terrestre.

El principal centro consumidor de este producto serían las conservas de pescado, pues las salazones y salsas de pescado eran producto primario de comercialización. Para poder llevar a cabo sus actividades precisaban de sal, abasteciéndose de salinas cercanas siempre que existieran, o mediante el transporte en barco. Muchas de las poblaciones costeras aprendieron rápidamente a sacar beneficio económico importando sal e intercambiándola por productos singulares. Conocemos centros consumidores de sal gracias a Estrabón, quien nos habla de las Islas Casitérides (Galicia) o del comercio con los fenicios de Cádiz. Desde dichos lugares se cambiarían elementos propios como el estaño, plomo, pieles, salazones y salsas saladas por vasos, bronce y sal. Existen algunas referencias que aluden al término de bárbaro vendido por sal, como sinónimo de esclavo, ya que algunos pueblos como los Tracios, tenían como hábito intercambiar sal por esclavos.

Como queda documentado, una de las claves para la expansión romana fue la ingeniería naval comercial con puntos geográficos tanto dentro como fuera del imperio. El principal puerto romano sería el de Ostia, situado a 20 km de Roma en la boca del Tíber. Aunque dicha ciudad contase con sus propias salinas, no es raro pensar que a la misma llegase sal de otras partes del Imperio, aunque únicamente fuera por las distintas propiedades que presentaban. Su conocido puerto Claudio, hexagonal y exterior, era capaz de albergar hasta 200 naves. Desde el mismo, barcos más pequeños remontaban el Tíber hasta su vado (donde deja de ser navegable) y en los almacenes que allí se situaban guardaban todas las mercancías destinadas a la capital del Imperio. En mosaicos, relieves y pinturas romanas encontrados en Ostia, podemos apreciar representaciones del transporte marítimo, pudiendo investigar sobre distintos tipos de embarcación y productos comerciales.

Puerto Claudio
(Fuente: http//:imperioromanodexaviervalderas.blogspot.com)

Para esta misma ciudad conocemos la existencia de saccarii salarii toius urbis et campi salinarii romanorum, grupo encargado de transportar hacia la ciudad la sal procedente de sus salinas. Podían llegar hasta los salinae (almacenes para la sal) adyacentes a la puerta Trigemina en las Murallas Servianas.

Firmado por:
José Ramón Baldellou Alonso

Bibliografía:

  • García Vargas, Enrique y Martínez Maganato (2006): "La sal de la Bética romana. Algunas notas sobre su producción y comercio", HABIS (37): 253-274
  • Mangas, Julio y Hernando, Mª del Rosario (2011): La sal en la Hispania romana, Arco/Libros S.L., Madrid.
  • Martínez Maganto, Julio (2005): "La sal en la Antigüedad: aproximación a las técnicas de explotación y comercialización. Los salsamenta" en III Congreso Internacional de Estudios Históricos. El Mediterráneo: la cultura del mar y la sal (coord. Molina Vidal, Jaime y Sánchez Fernández, José Mª), Santa Pola.
  • Rioja, Leoncio (2014): La moneda y su historia, Editorial Dunken, Buenos Aires.

domingo, 4 de diciembre de 2016

Otros usos de la sal... Ayer y hoy.

¡Buenos días! 

Para terminar con los usos de la sal, esta entrada se concentrará en "otros usos" más... sorprendentes, quizás. Esta vez, no voy a hacer un mera síntesis bibliográfica sobre los diferentes usos que haya recopilado, sino que, además, voy a llevar a cabo una analogía con el presente (lo que conocemos como un actualismo).

Ya mencionaron mis compañeros usos de la sal en la alimentación como conserva o potenciador del sabor (y alguna excepción más), pero hoy voy a contar un uso más que tiene que ver con el alimento. La sal era usada a la hora de sembrar, por ejemplo, trigo, cuyo grano era rociado con salitre y alpechín, es decir, el líquido fétido de las aceitunas. De esta manera, las vainas que no estuviesen del todo desarrolladas se reblandecían en el fuego y, por tanto, podían ser utilizadas para molerlas. Esta información la conocemos gracias a Virgilio  (Geórgicas, 1, 193-197). 

No obstante, seguro que existían otras técnicas en agricultura que empleasen la sal, mas el registro arqueológico y las fuentes históricas seguro que no abarcan toda la información. Pero... ¿y por qué no echar un vistazo a alguna sociedad presente? En este caso, no hace falta irse muy lejos, nuestra propia sociedad lleva a cabo un método bastante rudimentario y sencillo con sal en agricultura: 
Palou, Neus (2016): 6 maneras de acabar con las malas hierbas sin productos químicos, La Vanguardia.




Por Dayana Flores en Dflores@opinion.com.bo, 13/04/2014



Como podemos ver, la sal se usa hoy como abono natural o herbicida, así que... cabe la posibilidad de que ese uso, que para nada implica un desarrollo científico superior, se usara en la Antigua Roma también.

Por otro lado, ya sabemos que se empleaba en ganadería también, pero un hecho más curioso es que daban una cantidad mayor de sal a aquellos animales de los que se obtendría leche para así conseguir un sabor especial de ésta, según Virgilio en otro pasaje de las Geórgicas (3,395-403). Sin embargo, si observamos nuestra actualidad podemos encontrar otras razones para el suplemento de sal en vacas (sobre todo):

Nutrición Mineral Estratégica en Vacas Lecheras, perulactea.com, Publicado el 04/09/2013

Así pues... ¿sabrían los antiguos ganaderos romanos estas propiedades de la sal? Es probable que sí, ya que si aportaban una cantidad de sal mayor a las vacas para una diferencia de sabor (según las fuentes escritas), es bastante probable que percibieran los beneficios secundarios de esta acción.

Bien, por otro lado, gracias a Plinio (Nat. 9, 133) conocemos otros usos como la conservación de pieles, antes de ser sometidas al proceso final de su fabricación, o la producción de la púrpura. Hoy podemos ver en Marruecos, por ejemplo, como mantienen una tradición curtidora de pieles. Los marroquíes utilizan la sal previo al proceso de curtir para secar bien la piel. Plinio menciona, también, el uso de la sal para diferentes metales, ya sea para mantener el color, limpiar...

Y... ¿por qué no... se podría usar también para quitar manchas de vino en los tejidos, cómo muchos abuelos y abuelas nos han enseñado? Esto es algo que difícilmente nos puede ofrecer el registro arqueológico, como ya hemos dicho, y que no se encuentra fácilmente en las fuentes escritas, pero que, teniendo en cuenta complejidad de algunas actividades romanas, no sería de extrañar que llevaran a cabo.

Hasta aquí algunos usos distintos de la sal en la Antigua Roma, la semana que viene os hablaré de un uso más concreto mediante, de nuevo, analogías con el presente... el uso ritual.

Firmado por:

Laura Pascual Fernández

Índice bibliográfico (por orden alfabético)


Caballero Escribano, Cristóbal (2013): Historia de los curtidos de las pieles, Editorial Club Universitario, Alicante (España).

Mangas, Julio & del Rosario Hernando, María Rosario (2011): La sal en Hispania Romana, Cuadernos de Historia, Madrid (España).

Migúelez Pose, Fernanda (2010): Los otros usos del mar, Nerbiblo S.L, La Coruña (España).


Palou, Neus (2016): 6 maneras de acabar con las malas hierbas sin productos químicos, La Vanguardia.

http://www.perulactea.com/2013/09/04/nutricion-mineral-estrategica-en-vacas-lecheras/









La sal en los primeros cristianos.



La sal es un elemento que aparece en numerosos rituales de todas las religiones del mundo y para el cristianismo no será una excepción. Por ello es casi universal la idea de que la sal ahuyenta los malos espíritus, demonios, magos, el mal de ojo y las influencias negativas.


Símbolo de los primeros cristianos.
Para los cristianos primitivos las ofrendas de animales o comidas que se realizaban debían ser sazonadas, ya que esto simbolizaba el amor de dios por su pueblo. Es por ellos que la sal se convierte en un componente que purifica, que implica durabilidad, fidelidad o amistad y pureza. 


Ya en el Segundo Libro de los Reyes capítulo 2 versículo 19, 20, 21 y 22 mencionaba el empleo la sal para hacer agradables las aguas. También Ezequiel en su capítulo 16 versículo 19 hace una referencia de como se utilizaba la sal para limpiar y endurecer la piel de un recién nacido. Levítico en el capítulo 2 versículo 13 dice "Y sozonarás con sal toda ofrenda que presentes, y no harás que falte jamás de tu ofrenda la sal del pacto de tu Dios; en toda ofrenda tuya ofrecerás sal". Ya en el nuevo testamento, en el libro de Mateo, se trata sobre como el ser humano es la sal de la tierra.


En el rito Cristiano se conoce dos tipos de liturgias con sal: sal bautismal y la sal bendita. La sal bautismal, es purificada y santificada mediante oraciones. Se le ponía al catecúmeno (en la iglesia de los primeros cristianos, era el nombre que se le daba a quien todavía no había sido bautizado, pero estaba en proceso)antes de entrar a la iglesia para el bautismo. San Agustin y San Isidoro de Sevilla también han tratado sobre estos rituales en sus escritos.
La sal bendita. Esta sal es bendecida en la preparación de agua bendita para rociar a la congregación con el agua antes de la Misa Mayor del domingo.


Algunos rituales que sin formar parte de la liturgia sí eran utilizados por los primeros cristianos era la utilización de platos de cerámica con sal colocados sobre el cadáver. Aunque esta acción podría entenderse como un elemento para la conservación del cuerpo durante los ritos funerarios, se convirtió en un elemento de protección del alma del fallecido, ya que así no sería atacada por los demonios en su ascensión al cielo.


Los restos materiales encontrados sobre este último ritual los encontramos apenas a partir de la Edad Media hasta el siglo XX, como por ejemplo los restos hallados en la iglesia parroquial de San Bartolomé de Basardilla (Segovia). Aquí se hallaron platos que posiblemente fueron utilizados para colocarlos encima de los difuntos.


                                                        Firmado por
                                                       Luís Machado




Bibliografía.
  • Cruz Sánches, P. (2008). A propósito de algunos rituales mortuorios relacionados con la sal. Estudios del Patrimonio Cultural, 1:5-14.

Webgrafía.
  • http://www.primeroscristianos.com/index.php
  • www.iglesia.net


lunes, 28 de noviembre de 2016

Comercio y transporte de la sal I

Queridos lectores: en primer lugar, quiero disculparme con todos vosotros porque en esta ocasión os traigo una entrada que constará de dos partes separadas, ambas escritas por mí. La razón de ello ha sido básicamente el espacio que ocupaba como una sola, generando un texto demasiado aburrido de leer. Os dejo con la primera parte del Comercio y el Transporte de la Sal. Espero que la disfrutéis.

Ya hemos visto en anteriores entradas quiénes trabajan en las salinas y cómo obtenían la sal. En esta ocasión queríamos contaros como transportaban la sal y a qué lugares llegaba el llamado “oro blanco”. Aunque el Imperio romano no hizo un monopolio del comercio de la sal, muchas de sus ciudades fueron fundadas y se desarrollaron en torno a una salina. Es evidente que, al ser un producto de primera necesidad, su comercio debió traer consigo un incremento en los intercambios.

En primer lugar, hay que nombrar a los encargados del transporte de la sal. Los mismos eran conocido como saccarius (esportillero) y constituían un cuerpo muy bien organizado. Los conocemos a través de algunas estelas como las ya mencionadas para los trabajadores de las salinas. En esta ocasión, los testimonios proceden de ciudades como Ostia, Pompeya o la propia Roma, que contaban con salinas. Así, la sal era transportada en sacos desde las mismas hasta las propias ciudades. Por otra parte, conocemos con el nombre latino de propola a los comerciantes de sal al por menor, quienes la transportaban tanto en sacos como en recipientes cerámicos (seriae), todos ellos siempre impermeabilizados con pez. El transporte se realizaba por vía terrestre, vía fluvial y marítima.

Vía terrestre

Via Salaria
(Fuente: http//:historiageneral.com)
Las infraestructuras para el transporte y comercio se conocen a lo largo de toda Europa. Entre las más conocidas podemos nombrar la Route du Sel, situada en Francia que transportaba la sal hacia el interior desde los puertos de Niza y Ventimiglia. Más reseñable es aún la Via Salaria, la cual discurría desde las grandes salinas de Ostia, pasando los Apeninos, hasta San Benedetto del Tronto. Estas calzadas romanas fueron de vital importancia para legionarios, militantes y sus caballos. Tal es así, que Tito Livio nos informa sobre el control de los precios por parte del Estado.


Plaustrum romano
(Fuente: http//:es.pinterest.com)
Gran parte de las ciudades de la 
Bética quedaban muy alejadas de los centros salineros, exceptuando las situadas al Este y Sur. El comercio de la sal, por tanto, necesitaba de un intercambio de productos, sobre todo cuanto más alejados estuvieran los destinos para los saccarius, puesto que el transporte por tierra era muy costoso. Para ello se ayudaban de carros tirados por caballos, mulas o bueyes, conocidos como essedum o plaustrum. Hay que tener en cuenta también el tiempo gastado en recorrer distancias que hoy nos parecen muy cercanas. Este es el caso de las poblaciones situadas en el Noroeste, a las que llegaba la Vía de la Plata, las cuales quedaban muy alejadas de cualquier centro salinero.

Este mismo problema se daría en otras muchas provincias romanas, pero en algunos lugares donde la importación por mar es imposible, los romanos solventaron la situación mediante el control de otras salinas como las conocidas en Germania Superior, Baviera y Austria.

Vía fluvial

En cuanto al transporte por vía fluvial, sabemos que el mismo llegaba a puntos del interior muy distantes a la costa, por ríos que hoy día no son navegables. Barcas y barcos podían alcanzar las ciudades del interior desde el mar. Por supuesto, el ejemplo más notable de ello, es el uso que se le dio al Guadalquivir, navegable hasta Linares. Tenemos de época romana puertos como el de Zaragoza, del que aún se conservan sus malecones de piedra o el de Irún que contaba con un sistema de gradas de madera descendentes.

Parte del puerto y ánforas de hallados en Zaragoza
(Fuente: Museo del Puerto Fluvial de Caesaragusta)


Firmado por:
José Ramón Baldellou Alonso

Bibliografía:

  • García Vargas, Enrique y Martínez Maganato (2006): "La sal de la Bética romana. Algunas notas sobre su producción y comercio", HABIS (37): 253-274
  • Mangas, Julio y Hernando, Mª del Rosario (2011): La sal en la Hispania romana, Arco/Libros S.L., Madrid.
  • Martínez Maganto, Julio (2005): "La sal en la Antigüedad: aproximación a las técnicas de explotación y comercialización. Los salsamenta" en III Congreso Internacional de Estudios Históricos. El Mediterráneo: la cultura del mar y la sal (coord. Molina Vidal, Jaime y Sánchez Fernández, José Mª), Santa Pola. 
  • Rioja, Leoncio (2014): La moneda y su historia, Editorial Dunken, Buenos Aires.